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La Tragedia me genera Humor | La Voz Joven, Buenos Aires, Argentina (Julio 2012)

Por Charly Zárate

Vive en gira constante por el mundo desde que se incorporó a la compañía del Cirque du Solei. La prensa internacional lo recibe con las mejores críticas por su destacada rutina artística como clown en “Quídam”. Pero a pesar de eso, Toto Castiñeiras siempre elije volver a la Argentina, ya sea para presentar nuevas temporadas de “Finimondo”, el unipersonal autobiográfico que tanto ama hacer, dar seminarios intensivos o montar alguna obra de su autoría como “El susto, 1813”, una excelente comedia negra donde dirige a tres talentosos actores : Mariela Acosta, José Luis Arias y Pablo Palavecino.

Nació como Guillermo un 5 de octubre de 1973 en la ciudad de Mar del Plata, pero desde los 14 años, “Toto” incursionó en la actuación y esas dos sílabas que conforman su apodo artístico se fueron transformando en una marca reconocible y prestigiosa a nivel nacional e internacional.

“Soy muy vergonzoso”, confiesa Toto al promediar la charla de café que nos unió. “Algunos creen que tengo mal humor o que soy antipático”, y dice que muchos esperan encontrar en él, debajo del escenario, al mismo payaso que ven en escena y eso esta muy alejado de su realidad Sin embargo, a nosotros nos divirtió con su humor irónico y mordaz durante la entrevista que nos concedió antes de emprender su gira con "Quídam".

CZ: ¿Cuándo arrancó la idea de hacer "El susto"?
TC: En el 2007 tuve un accidente y me rompí una rodilla que me dejó paralizado por nueve meses. Tener el cuerpo casi inmóvil me dio más tiempo para crear, en esa circunstancia surgió la idea de hacer un espectáculo con Mariela Acosta, que es una actriz maravillosa con quien ya habíamos montado otras cosas juntos y además es una gran amiga. Desde ese momento comenzamos a  gestarlo, aunque recién hace dos años pudimos darle forma y comenzamos a ensayar. Fue un proceso que nos llevó mucho tiempo, paciencia y sobre todo ganas de hacerlo. El montaje final fue el año pasado y en el verano lo presentamos en Mar del Plata.

CZ: ¿Qué hipótesis te habías planteado?
TC: . Logré lo que quería plantear como director que era un trabajo muy coreográfico y sólido a nivel corporal y mecánica de movimiento. En ese sentido, alcanzamos lo que nos habíamos propuesto que estaba alineado hacia algo bien expresionista. La hipótesis apuntaba hacia un trabajo fragmentado, enrarecido y corrido del eje teatral clásico. El tiempo que nos llevó armarlo sirvió para encontrar la dinámica justa y que el resultado final sea muy bueno. Estamos felices.

CZ: La obra traza una línea histórica, ¿desde qué perspectiva se elaboró?
TC: En principio queríamos jugar con la idea de un argumento patriótico, pero sobre una Patria concebida desde un imaginario muy primario. Ver qué nos pasaba a nosotros con lo simbólico de  la escarapela, la bandera... en la escuela primaria, desde una mirada teñida de gran ignorancia histórica y patriótica. Empezamos a investigar bastante sobre San Martín y la Batalla de San Lorenzo, y lo importante que fueron aquellos quince minutos de combate para la historia de Argentina. Nos imaginamos un espacio cerrado, como un convento, y de pronto empezaron a salir fantasmas en la construcción de ese imaginario, luego pasamos a un patio colonial en medio de la ciudad y así se fue transformando. El susto 1813 terminó impregnándose un poco de todo eso. Lo histórico funciona como un juego. Es un espectáculo que si me llegara ir a Alemania y lo quisiera montar allí traducido funcionaría igual, porque los personajes son bien arquetípicos. Lo histórico esta tomado sin respeto ni moral. 

CZ: ¿A qué remite el título?
TC: Precisamente esta relacionado a lo que te mencionaba antes, el susto a involucrarse con cuestiones con las cuales quizás no esta permitido meterse. El tema de la fragmentación y las imágenes la convierten, también, en una obra muy abierta. Me interesa mucho cuando sale alguna crítica que nos explican la obra y hablan, por ejemplo, del susto a la cercanía de la independencia...

CZ: Corriéndose de lo patriótico, también se puede tomar lo simbólico del aljibe y relacionarlo con la oscuridad de los pozos si se quiere...
TC: Si, también algo de eso hay, porque quisimos cruzarlo con la línea de lo chamánico y lo oscuro, que de hecho en el 1800 se dio un primer comienzo del chamanismo en el sur. Investigamos sobre esa cultura e incluso la guaraní. También sobre la madre de San Martín de quien se habla en la obra. Todo lo metafísico y oscuro de la obra surge de esas historias.

CZ: Y atravesado por un humor bien sarcástico. ¿Es tu sello?
TC: Cuando armo los espectáculos ( y sobre todo éste) no pienso en hacer algo humorístico. En "El susto, 1813" no lo pusimos como prioridad, pero si como algo corrido del eje. No lo planteamos con esa idea, pero cuando el lirismo es exacerbado o lo poético se vuelve ridículo, termina causando gracia. Nunca busco el gag físico como primer objetivo.

CZ: Se origina entre la obra y el público una suerte de efecto de extrañamiento, ¿eso fue buscado?
TC: El desafío fue plantearnos que el espectador vaya construyendo su propia obra; luego le damos la tranquilidad de una explicación aunque al instante eso mismo se contradice. Quisimos trabajar con el aquí y ahora para que el espectador trabaje completando la obra.

CZ: Parece que te interesa jugar con los registros originales de algunas obras y darlos vuelta, visitar lo trágico desde el humor...
TC: A mi la tragedia me genera mucho humor. Soy una persona atravesada por la tragedia desde muy chico. Además, mi personalidad híper intensa genera que todo lo viva al extremo, y en las  peores desgracias siempre encuentro algo de humor. Por eso también me gusta el clown, ya que  va en esa línea.

CZ: ¿Cómo fue la concepción de "Finimondo"?
TC: Es bastante autobiográfico porque surge de un viaje que mi abuela realizó a Italia y de un gran amor que ella tuvo después de su primer matrimonio. Apareció un diario íntimo en el cual ella escribía muchas pistas, como un arcano lleno de secretos.... Todo aquello me inspiró para basarme en esa intensidad por aquel amor oculto. El espectáculo básicamente habla sobre el amor, la soledad, la traición y la muerte.

CZ: ¿De qué manera llegó la propuesta para incorporarte al Cirque du Solei?
TC: En 1999 vino un grupo de coordinadores de casting del circo para realizar un sondeo del ambiente circense en Buenos Aires, en ese momento me encontraba haciendo una obra de clown en la Recoleta y nos filmaron a todos. Al tiempo recibo una carta de invitación donde me decían que les interesaba mi trabajo. Lo primero que pensé fue qué voy hacer yo adentro de un circo. Nunca tuve destreza ni disciplina para lo circense, ni me interesaban los circos. Pensaba que un clown del Cirque du Solei tenía que ver más con un bailarín, y yo soy más actor que otra cosa, entonces no veía mi lugar allí. Pasaron algunos años y me convocan con una propuesta concreta en la cual me planteaban que querían cambiarle el color al clown dentro del espectáculo "Quídam". Me intereso el desafío y acepté viajar a Canadá para hacerlo.

CZ: ¿Cómo fue asumir esa responsabilidad?
TC: Sosteniendo de entrada que lo iba a poder lograr y empezando a trabajar directamente. Comencé a diagramar una rutina de lo que podía llegar hacer. La idea era crear espacios imaginarios, focalizar en lo corporal y trabajar en contacto muy estrecho con el público. Me han dado la libertad de componer lo que yo quería. Fue un proceso creativo muy solitario e independiente.

CZ: ¿Cuál es la filosofía del Cirque du Solei?
TC: Hay algo que esta muy bueno y es que el artista es lo primero. Ellos son un grupo franco canadiense, gente de circo callejero que fueron los precursores del nuevo circo, al fusionarlo con el teatro. Su idea es que los espectáculos sean atravesados por un argumento.

CZ: ¿De qué habla “Quídam”?
TC: Básicamente de la gente anónima; aquellos transeúntes que andan por la calle y uno no termina de conocer nunca.

CZ: ¿Qué diferencia encontras entre el circo tradicional y este nuevo circo que propone el Cirque du Solei?
TC: Esencialmente en la producción y la infraestructura, la vida interior es la misma.

CZ: Sobrevuela un imaginario acerca del viejo circo, que lo define como un lugar a donde deriva la “lacra” de la sociedad, los marginados, los freaks…
TC: En El Cirque du Soleil sigue siendo eso pero con brillo y purpurina.

CZ: ¿En qué tipo de teatro encontrás referentes?
TC: Fui a ver Kabuki en Japón y me quedé alucinado. El teatro hecho en otro idioma en el cual no puedo reconocer lo que esta sucediendo me fascina.

CZ: ¿Pensás en un público cuando éstas generando un trabajo? ¿Cuál crees que es el tuyo?
TC: Lo raro en Buenos Aires es que se trabaja con un público de gente del teatro. Y es el público que actualmente tengo, aunque en “Finimondo” se abre un poco el arco por el tema del circo y del clown. Sucede que muchos vienen buscando algo del Ciruque du Solei y se encuentran con otra propuesta totalmente diferente, pero la compran, se conmueven… Vieron lo que tenían que ver, eso esta bueno. Mi objetivo es ese, poder llegar a un público amplio y diverso. Me gusta que venga mi tía a ver “El susto, 1813” y que después opine… Por eso mi lirismo baja como de un mazazo, como el vuelo de una taba, que mientras la ves volar es como un ave y cuando cae al suelo te das cuenta que es un pedazo de hueso de vaca. Intento contar lo poético pero después hacer un cable a tierra para cualquiera lo pueda recibir.

CZ: ¿Cómo definirías al clown desde tu subjetividad?
TC: Es una especie de autobiografía en continuo movimiento plasmada en tiempo y  espacio. Como un diario íntimo proyectado en algún lugar. El clown se modifica con uno mismo, va creciendo y decreciendo, como una metáfora de la vida. 

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