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Demonios Internos | Por Oscar Godoy, Diario La Opinión, Rafaela, Santa Fe (21/07/2012).

"... impecable puesta teatral..."
 
Esta comedia transcurre en un patio colonial, en donde un aljibe es el punto de encuentro de un coronel, un teniente, una mujer y el susto que los desborda y los induce, que los ciega y los ensombrece. Afuera está la guerra independentista, la traición política, la revolución; adentro está el patio colonial, dos pérgolas de hierro movidas de aquí para allá para enmarcar a los personajes.
Esta sombría comedia transcurre en 1813, en un patio colonial, en donde un aljibe es el punto de encuentro de un coronel, un teniente, una mujer y el susto que los desborda y los induce, que los ciega y los ensombrece, dentro de un relato de rutinas de clown, coreografías breves y precisas y un texto que se grita y se susurra.
Hay un dentro y un afuera, afuera de ese patio está la guerra independentista, la traición política, la revolución; adentro está el patio colonial, dos pérgolas de hierro movidas de aquí para allá para enmarcar a los personajes, en el centro, también movible está el aljibe que es lugar que intimida y seduce, que guarda secretos y presagios.
Los personajes interpretados por Mariela Acosta (María), fascinante mujer que quiere ser soldado y luchar junto al ejército para defender la causa independentista, porque ella vive luchando con sus fantasmas, sus orígenes y sus deseos de mujer y deambula en la oscuridad de la noche de ese patio colonial buscando y buscándose.
Pablo Palavecino (Teniente), ladero incondicional del general, que también arrastra recuerdos del pasado que lo atormentan.
José Luis Arias (el General) excelente en su composición, un hombre cargado de dudas e incertidumbres agobiado por la responsabilidad del cargo y el momento histórico que le tocó vivir, habla, grita, susurra y va mutando de vestimenta como de personalidad.
Es muy interesante el juego de las luces que portan, cual candiles, los intérpretes generando un clima de luces y sombras que aportan en lo semántico de la puesta.
El director se plantea un trabajo coreográfico y logra una puesta expresionista.
El susto logra ir creando en el oscuro patio colonial una atmósfera llena de presagios y complicidades, cada personaje vive con su susto y trata de aplacar sus demonios, hurgando en su pasado, batallando, traicionando, fragmentándose, porque el susto no los paraliza, los pone en movimiento, en el lugar del hacer, de decir y dicen a través del absurdo, de sus movimientos corporales, de sus susurros, de vivenciar las pesadillas que los habitan y los desvelan, de traicionar y traicionarse.
Dice Toto Castiñeiras, autor y director de "El Susto, 1813", sobre la hipótesis de la obra: "la hipótesis planteada al inicio apuntaba hacia un trabajo fragmentado, enrarecido y corrido del eje teatral clásico. El tiempo que nos llevó armarlo sirvió para encontrar la dinámica justa y que el resultado final sea muy bueno. Estamos felices".
Y como no estarlo con esta impecable puesta teatral!

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