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Entre el humor y la tragedia | Diario La Nación, Argentina (14/01/12)

"...una saludable celebración del ritual teatral..." 

Resulta siempre una saludable celebración del ritual teatral encontrarse con las propuestas de "Toto" Castiñeiras, ya sea desde su excelencia en el arte del clown en espectáculos propios o en la pista del Cirque du Soleil del cual forma parte y es una de sus figuras estelares (en un breve receso de la gira de Quidam por los Estados Unidos), o bien como autor y director.

Esta vez, la temporada marplatense es anfitriona de El susto, 1813 , su nueva creación interpretada por un sólido trío actoral conformado por Mariela Acosta, Pablo Palavecino y José Luis Arias. La pieza, ambientada en un Buenos Aires colonial y bélico de 1813, se configura como una comedia oscura y onírica, cuyos personajes (una mujer, un teniente y un general) y sus acciones caminan en el plano de la ambigüedad de lo real y lo ficticio, dejando un marco de duda sobre la existencia de esos seres y sus aconteceres.

En torno a ellos, un viejo aljibe, alejado del emblemático y naï f dispositivo retratado en las clases de historia escolar, se convierte en un pozo inquietante del que surgirá una criatura aletargada y presagios que pueden convertirse en realidad. ¿Serán acaso esos vaticinios lo que marquen el rumbo ya no sólo de quienes rodean ese pozo de mal agüero, sino también de un país en ciernes? ¿Será la muerte la que respire desde lo profundo para escalar hacia el espacio terrenal? ¿Será la concepción de una patria marcada por las revoluciones? El signo trágico y el suspenso sobrevuelan la atmósfera en ese patio colonial cuyos muros encierran misterios y muerte, que no se contradice con el clima de agitación política que se vive afuera.

La caracterización de los tres personajes los convierte en ensombrecidos y misteriosos, jugando, sutilmente, con la ambigüedad de género. Mariela Acosta, Pablo Palavecino y José Luis Arias se manejan con soltura en el amplio espacio de acción apelando a los movimientos, las palabras y la profundización marcada de lo gestual con solvencia y convencimiento.

El susto, 1813 está impregnada por el sello de su autor y director, quien dotó a los dos hombres y la mujer de movimientos, por momentos, cercanos al clown. Los actores demuestran una lograda plasticidad física que potencia la comicidad y, sin contradicciones, la inquietud que se busca transmitir. También algunos guiños de vestuario y calzado permiten una lectura en este sentido.

Castiñeiras juega permanentemente entre los planos del humor y lo trágico ya sea desde su texto, como desde su marcación actoral y su concepción de puesta en escena. Lo lúdico se desenvuelve en medio de la tragedia. La iluminación oficia un papel destacado subrayando lo onírico. Acertado el juego que hacen los actores con dispositivos lumínicos en mano.

Quien busque el sello de "Toto" Castiñeiras no saldrá defraudado. De la mano de este talentoso trío de actores, su propuesta llega a buen puerto. En este caso, el puerto de un Buenos Aires colonial que encierra presagios, agitación política, malos agüeros y a un pozo que define la vida? y la muerte.

Por Pablo Mascareño.

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