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La Pampa Tragicómica | Por Melina Martire | Fancinema (14/08/2016)

Seis actores en escena construyen una historia de amores y desamores en la llanura pampeana. Pero los personajes son femeninos, el amor es cómico y romántico a la vez, y la pampa no es la que nos imaginamos, sino un espacio nocturno habitado por seres que aparecen y desaparecen. Todo está dado vuelta, revisado y reelaborado.

Gurisa, la nueva creación de Toto Castiñeiras, aborda el universo rural desde una mirada de complicidad y extrañamiento al mismo tiempo. Narra la historia de una adolescente que se siente atraída por uno de los peones de la familia, mientras que su hermana es raptada y abusada por un indio en medio de la plantación de choclos. La historia se completa con la madre, una esclava confidente y una media hermana que viene de Londres. Los actores, travestidos de mujeres, con una gran maestría, ponen el cuerpo para habitar a estos personajes, al punto tal que por momentos olvidamos que se trata de hombres. Porque lo que conduce toda la trama aquí son los cuerpos. La búsqueda constante del movimiento guía la acción rápida, efervescente, inesperada y en constante presente. Apostados en un escenario vacío, despojado de telones y escenografía, los actores van construyendo la trama poniendo sus cuerpos en contacto: se abrazan, se rechazan, se apoyan unos en otros, se usan como objetos, se separan y se vuelven a unir. Esta versatilidad de movimientos también se ve favorecida a través del creativo vestuario de Daniela Taiana, que es funcional y versátil sin dejar de representar el clima de campo. Y el contacto de los cuerpos refleja los enredos de la historia: amores imposibles, intereses económicos, asesinato, luchas por el poder, romance, tragedia. Todas esas sensaciones y emociones se acentúan a través de la música. Sonidos que remiten a lo campestre aparecen en los momentos precisos, generando suspenso, interés y extrañamiento en el espectador.

La caracterización de los personajes se propone desde unos escasos elementos -unos aros para la esclava, un pañuelo en la cabeza para la madre, unos pantalones de cuero para el indio, una flecha, etcétera– que apoyan los movimientos y textos de los actores. Particulares dicciones y gestos identifican perfectamente a cada uno dentro de la historia, teniendo además un rol que cumplir a nivel escénico: cada actor tiene un reflector para iluminar determinadas situaciones y a los demás actores, creando espacios de luz y oscuridad según lo requiere la trama. El diseño lumínico es destacable en la medida en que, en su sencillez, permite resaltar la fluidez de los actores en escena, dando por hecho el famoso dicho de “menos es más”.

Gurisa lleva a los extremos un tradicional culebrón de campo, para traerlo al presente, atravesado por cuerpos que narran sus momentos más característicos, imbricados en una potente máquina teatral.