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Atrapadas en una pension | Por Juan Jose Santillan | Clarin, Buenos Aires (03/05/2017).

Dirigida por Toto Castiñeiras, tiene tres actrices que trabajan con Laferrère en clave de comedia extrema.

¿Cómo dinamizar Las de Barranco, de Gregorio de Laferrère, estrenada a comienzos del siglo pasado, y trasladarla hacia una comicidad extrema incorporando, además, algo del código del clown como sintonía de actuación? ¿Qué significa tomar esa tragicomedia estrenada en 1908 para revalorizarla, incluso en sus convenciones y evitar caer en el museo de las formas? Tres buenas actrices como Julieta Carrera, Corina Romero y Teresa Murias armaron un espectáculo, acaso, compartiendo estas preocupaciones. Lo dirige Toto Castiñeiras ( payaso argentino del Cirque du Soleil) y lo presentan en Querida Elena, una antigua casona a pocos metros del Parque Lezama.

El resultado de estas combinaciones es un espectáculo cómico y esencialmente desfachatado. Se trata, sobre todo, de un gesto celebratorio de la actuación montado sobre Laferrère. Las actrices, se nota apenas comienzan su labor, la pasan realmente bien y en cada gesto transmiten el goce de lo que realizan en escena. No lo padecen al clásico, lo ejecutan estrategicamente desde sus capacidades. Pese a que trabajan con reminiscencias de la comicidad del clown (ojo, no hay payasas en escena), donde todo encadenamiento de acciones debe ser preciso para que genere su efecto, las protagonistas se atreven a varios espacios de improvisación y la sostienen a buen ritmo.

La puesta deCastiñeiras tiene una disposición bifrontal con espectadores enfrentados. Espacialmente, el director plantea una instalación, con veladores en el piso, revistas El Gráfico, facturas impagas. Se aleja del imaginario de una escenografía tradicional.

Además, esta adaptación crea un sistema de referencias cruzadas que se potencian entre sí. Por un lado, el texto de Laferrère concentra la obra en una familia de mujeres: una madre terrible y sus hijas, quienes alquilan piezas de pensión y están atravesadas por deudas. El padre partió a la guerra y quedó a cargo de todo mamá, Doña María (Murias), que quiere “entregar” a sus hijas Pepa (Carrera) y Carmen ( Romero) a un “buen partido”. En la adaptación, esta constelación de personajes se reduce a tres y se acentúa el grotesco hasta detonarlo. Todo está jugado a fondo y el ritmo de la obra es la clave para entrar en la lógica del espacio. Este otro aspecto destacado.

El lugar elegido para las funciones tiene un rol predominante. La obra se realizó en diferentes espacios no convencionales y Querida Elena parece ser el ideal. Asistir a esta casa- teatro a metros de San Telmo es, en sí misma, una situación extraordinaria. Antiguamente fue una casa de inquilinato. Por lo tanto que estas mujeres jueguen con referencias a una casa de pensión vuelve a esta obra, en su totalidad, un valioso trabajo a partir del clásico rioplatense.