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La Gurisita sin senos | Por Celeste Lopez, Ambar, Buenos Aires (14/11/2016)

Gurisa de Toto Castiñeiras habla de un pasado imaginario en una estancia en la Pampa y pone el foco en la vida de las mujeres que formaban parte de ese mundo, las herederas del campo y las chinitas que lo trabajaban. Esta vida de campo se muestra constantemente atravesada por el deseo, la sensualidad y lo prohibido.
La categoría de género es problematizada todo el tiempo en la obra, como también lo es el cuerpo. Por empezar todos los personajes de esta historia están interpretados por actores varones, con lo cual Castiñeiras hace un llamado de atención sobre la obligatoriedad del género y lo pone en cuestión. Entrar en el código de Gurisa es aceptar esta primer premisa. Los actores son muy versátiles y pueden interpretar una diversidad de femineidades, atravesadas por la clase social, la sexualidad y los roles sociales.
La categoría se tensa al extremo con el personaje de La Marica, interpretado por el genial Nicolás Deppetre. Este personaje genera interrogantes a quien ha entrado en el código fundamental de esta obra. La Marica, ¿es un hombre o una mujer? Es una marica.
A través de este personaje la obra parece querer reparar a Las Maricas por su total omisión de la historia argentina. Se habla sobre el rol que ha debido asumir la marica en la historia: “si el despotismo está de moda, me despotizo yo misma”. Es un llamado de atención sobre la invisibilización que sufrió “la marica argentina” y un reconocimiento.
Otro eje fundamental de esta obra es el Deseo. Representado por el gaucho y el indio que tientan y enamoran a las mujeres de la Estancia, y abusan de la Gurisita. La niña gaucha, de otra casta, no puede oponerse al deseo del varón y es víctima de violaciones en la tablada. Esto hace que la obra se torne muy interesante con respecto a la visibilización de las diferentes femeneidades de la época de formación de nuestro país.
Por otro lado son destacables los trabajos de Iluminación a cargo de Valeria Junquera y Omar Possemato y música original de Javier Estrin. La iluminación está casi totalmente provista por elementos que forman parte de la escenografía y son manipulados por los actores. La música es la clave para entrar en el universo de la pampa argentina.
Lo más atrapante son los climas de intensa sensualidad que se viven en el transcurso de la obra, llenos de piel y tensión. Gurisa es para sentirla más que entenderla, se apoya mucho en la imaginación del espectador y da todos los elementos para sentirnos en una Pampa infinita y latente. Uno se siente dentro de un cuento, totalmente embelesado.