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El teatro argentino en su mejor vidriera | Por Roberto Schneider | El Litorial (01/06/2017)

Catorce mil espectadores durante diez días para apreciar 32 espectáculos son las cifras más contundentes del éxito de esta edición.

La historia de la Fiesta Nacional del Teatro es indudablemente fantástica y tiene muy poco de lineal. Tantos años de vida ponen sobre el tapete la distancia entre el teatro que se ofrece en su intensa, variada y rica programación y, por ejemplo, el teatro comercial. La historia de esta Fiesta no sólo vive en su presente, sino que considera su pretérito y mira a su futuro, porque siempre quiso establecer un criterio inequívoco respecto del lugar que ocupa el teatro en una sociedad contemporánea y democrática.

El teatro que se hace, se siente, se discute —¡y cómo!- y se aprecia en este gran escenario de la Fiesta Nacional es un teatro que asume su compromiso histórico, ético y moral, un teatro hecho de poesía, de ilusión, de sentimientos humanos, que demuestra que es también un teatro de arte responsable, que su campo de acción es el hombre y que entonces es posible mejorar el mundo. 

Esta edición transitó por un camino certero, construido con condiciones objetivas históricas, políticas y estructurales con los que han tenido que trabajar concretamente el Instituto Nacional del Teatro con el apoyo del Gobierno de Mendoza en diversos estamentos, para ratificar que la responsabilidad de los poderes públicos es muy grande y certificar que el teatro que se mueve en el terreno incontrolable del arte y de los sentimientos humanos es un factor indiscutible del crecimiento cultural de los ciudadanos.

Para el titular del Instituto Nacional del Teatro, Marcelo Allasino, la Fiesta es uno de los acontecimientos teatrales más significativos que organiza el INT. “Federal y diverso, cada año confluyen en una provincia del país elencos de toda la Argentina, además de técnicos, investigadores, periodistas, docentes, críticos y funcionarios. En el marco de un ámbito plural y de encuentro, la Fiesta reúne cada año las variadas expresiones teatrales de cada una de las regiones argentinas”, donde resuenan voces “con matices regionales, se plantean tensiones compartidas y singulares y se hacen visibles cuerpos, texturas y gestos atravesados por marcas identitarias capaces de confirmar la riqueza de Argentina como país culturalmente potente y singular”.

Lo más sobresaliente

“Gurisa”, de Toto Castiñeiras, de CABA, deslumbró a los espectadores a partir de la plasmación más rigurosa y entretenida de un poema gauchesco con marcada épica narrativa. Se advierte el universo de la pampa y sus gauchos, en realidad en este caso de las “chinas” de la historia. Hay un elevadísimo nivel artístico en la totalidad que tiene al cuerpo de los actores como nivel de expresión mayor. Esos cuerpos son un dispositivo escénico que tiene siempre al otro como soporte. Todo se conjuga en una gran explosión de creatividad, transformado en un acto de profunda belleza. La tensión ideológica se sintetiza en una magnifica totalidad en la que el espectador se deja llevar. Imposible no mencionar las excelentes interpretaciones de todo el elenco y las luces de Omar Possemato, de indiscutible protagonismo poético.